¿Qué es una Sacerdotisa? Parte 1.


Inanna,  Museo Británico.
Inanna, Museo Británico.

 

En realidad definir que es una sacerdotisa es algo complejo y fácil a la vez. Complejo porque el rol y vida de una sacerdotisa en la actualidad difiere mucho del de las sacerdotisas de la antigüedad, fácil porque como sacerdotisa es fácil compartir desde la experiencia personal. Quizás un comienzo a aproximarnos a esa definición seria hacer un repaso por la historia de la figura de la sacerdotisa.

 

Seguro que algunas personas al pensar en sacerdotisas enseguida se trasladen con su pensamiento a los templos del antiguo Egipto o Grecia o roma o Mesopotamia, pero la figura de la sacerdotisa es mucho más antigua, aunque por supuesto tenía un marcado corte Chamánico.

 

Ellas eran las chamánas de las antiguas sociedades paleolíticas, las que empezaron a tejer la conexión a lo sagrado a través sus muertos y sus huesos, a través de la naturaleza salvaje que les rodeaba, comenzando a construir el puente entre lo invisible y lo tangible en aquellos primeros años de la humanidad. Humanos que vivían cíclicamente, anclados a la naturaleza y sus ritmos, donde nacen las celebraciones de la rueda del año y es en aquella época donde se reconoce a la Madre, a la Gran Diosa.

 

Se reconoce lo femenino como sagrado, como la fuente de la vida en una sociedad donde el día a día vivir o morir, cazar o ser cazado, nacer o perecer y el vientre de la mujer era un lugar mágico de donde nacía vida y las cuevas aparte de ser refugio se convierten también en los primeros templos, donde se practicaba de alguna manera la magia. Es la edad de piedra, cuevas, armas, enterramientos, monolitos, tallas… Las pinturas rupestres aun hoy en día nos cuentan historias que según se ha comprobado en algunas cuevas, una mujer pintó en la roca, quizás para contar la historia de su gente, de su pueblo. La sacerdotisa surge en ese crisol de humanos incipientes que lucharon contra los elementos por su supervivencia y que encontraron en la diosa la fuente de toda vida.

 

Las herederas de esas primeras chamánas/sacerdotisas la podemos reconocer claramente en las sacerdotisas de las tierras celtas y del norte de Europa con un corte claramente animista. También en las estepas de Asia central y en todo el mundo en general ya que el chamanismo es la base de toda espiritualidad politeísta. Por eso yo lo escogí como mi camino y por eso no se riñe con ninguna de mis prácticas ya que todas encuentran su raíz en el animismo.

 

Con el Neolítico llega el refinamiento de las prácticas, la evolución de la imaginería y el surgimiento de la alfarería, se construyen los primeros templos como tal, recintos exclusivos para el culto.  La diosa comienza a tomar otras formas, ya no solo femeninas, la diosa se vuelve vaca, pájaro, serpiente, osa, cierva, loba… Aparece la figura del dios consorte y el rol de la gran madre comienza a disiparse en esa evolución. Llegan sus hijas, nacidas de su unión con el dios consorte y sus hermanos. Es en este momento cuando la figura de la sacerdotisa entra en su apogeo.

 

Los elementos comienzan a transcribirse en símbolos, el agua, el aire, el fuego, la tierra; también los astros, la luna, el sol y las estrellas y son las sacerdotisas las que traen esos símbolos a este plano, las que nos traen el nombre de las deidades. Esos nuevos templos siguen dedicados a la vida, al nacimiento y la muerte. Los ritos evolucionan de la mano de las sacerdotisas y también los sacerdotes que dedican su vida al servicio de una deidad y un templo determinado.

 

Encontramos en Mesopotamia a la primera autora de la historia, Enheduanna, princesa y además suma sacerdotisa de la deidad lunar Nanna-Suen. Esta sacerdotisa dejo varios trabajos literarios tras su muerte incluido el mito de la diosa Inanna y Ebih que ha llegado a nuestros días junto a una colección de himnos que usaban en su templo. Ella es la primera Sacerdotisa documentada de la historia aunque se encontraron textos anónimos con símbolos pictográficos donde se describía el uso de un oráculo en la antigua China.  

 

Mesopotamia, Egipto, las islas griegas, Japón y sus islas, Roma. En todos esos lugares florece el rol de la sacerdotisa, las cosmologías y escritos conservados así lo demuestran. La religión y el culto se estatalizan. Es común en la antigüedad encontrarnos con sacerdotisas de sangre real. La práctica de entregar una princesa o joven de sangre real o noble a los dioses se mantiene incluso después del establecimiento de las religiones monoteístas, donde abadías y monasterios son el destino perpetuo de muchas mujeres de alta cuna.

 

Es con la llegada de los monoteísmos que se comienza a querer alejar a la mujer de la deidad, de lo sagrado y que empieza el declive de la figura de la sacerdotisa. La mujer se convierte en pecadora y su cuerpo y formas femeninas en tentación para alejar a los hombres de un camino recto que solo pueden andar ellos. Se demoniza a las antiguas diosas y a sus adoradoras. Entramos en la era del pecado y en la era donde solo los hombres canalizaban la conexión con lo divino. Después del florecimiento de las antiguas religiones llegamos a una época oscura donde se intenta ocultar a la gran madre y sus hijas e hijos, aunque de alguna manera estas se manifestarán en las diferentes representaciones marianas.

 

La sacerdotisa como figura pública pasa a convertirse en la curandera, la bruja, en la mujer que vive conectada a lo invisible y los dioses pero desde la sombra. Mujeres que desde esa sombra se aferran a esta conexión y al conocimiento de los ancestros que en esta época les está restringido. El femenino pasa de ser representado como algo sagrado a algo demóniaco a través de los filtros del patriarcado.

 

No es hasta casi el Siglo XIX que la Diosa y la figura de la sacerdotisa consiguen salir del cuarto de los horrores donde habían sido desterradas por las religiones monoteístas. Comienza un trabajo de reconstruccionismo de las antiguas tradiciones y cultos al abrigo de diferentes órdenes místicas y mágicas que miran hacia atrás buscando recuperar antiguos conocimientos, poder y reconexión con lo sagrado. Persiguen de manera romántica una vuelta a la naturaleza, reconectar con los orígenes del hombre y de alguna manera volver a un estado de gracia e iluminación.

 

También comienza el arduo trabajo de traer al presente algo que pertenece a un pasado lejano. A veces un pasado mal interpretado por aquellos a los que les fue confiada la tarea de contar los antiguos mitos o leyendas de tradiciones orales, también condicionados por sus propias creencias y con una comprensión limitada de aquello que intentaban recopilar. Un ejemplo son los mitos celtas o nórdicos escritos por monjes cristianos.

 

Seguro que una de las tareas principales en estas órdenes místicas o mágicas era la de buscar y recopilar información de textos antiguos que les diera una base desde la que reconstruir el culto, buscar modos de conexión con los antiguos dioses etc. En esa reconstrucción la sacerdotisa vuelve a tomar una posición de importancia en los rituales e iniciaciones.

 

En pleno Siglo XXI podemos decir que las Sacerdotisas estamos floreciendo, hemos dejado el secretismo de los comienzos del neo paganismo para mostrarnos de forma abierta aunque queda mucho camino por recorrer en lo que se refiere a nuestro estatus. Es España por ejemplo hay pocas religiones de origen pagano reconocidas y las sacerdotisas que hemos sido ordenadas por tradiciones u organizaciones de fuera del país no somos reconocidas. Tampoco los servicios religiosos y ceremonias que ofrecemos lo son, aunque a los ojos de los dioses sean tan sagradas como las que se celebran dentro de una iglesia. En este sentido tenemos mucho camino aún que recorrer en este país.

 

A pesar de todo esto, no dejaría de ser lo que soy, como tampoco voy a dejar de tender la mano a aquellas personas que siente el llamado de los dioses y necesitan una guía. Porque una sacerdotisa es muchas cosas pero sobre todo es una guía.

 

 

Ness Bosch

Extracto de mi libro en preparación, Las Sandalias Invisibles. 

 

Escribir comentario

Comentarios: 0